Monedas de dos cruces

Tras varios giros de cabeza, que yo soy mucho de niñadelexorcista, hoy he quedado con el dueño de la casa que más me ha gustado de las que he visto estos días (por fuera).  El cambio de hogar forma parte, de algún modo, de este inicio del viaje sin copiloto. Es una de las etapas que debe cumplirse, aunque no de modo forzoso, el próximo uno de julio. Así que, si tengo química con el lugar, me esperan días de embalaje, tirar ropa y recuerdos (qué sabia es la vida).

Con los giros que ha dado mi mundo, de ciento ochenta grados y en todas direcciones, es curioso que tenga que recurrir de nuevo a Samuel, el camerunés. Permitid que os lo presente; aquí (virtualmente) Samuel, aquí unos amigos. Samuel es parco en palabras, pero es sabio como todos aquellos que han sufrido en carne propia el dolor de abandonar tu país en patera. En mi última mudanza, cuando presa de la desesperación al ver mis enseres en la calle, me vine literalmente abajo, me dijo:  “mudanza no poder con persona“. Es cierto, ningún obstáculo debe vencernos y menos un traslado de residencia.

A propósito de ésto, Fontavi, mi personal trainer, hoy me ha dicho que todos los cambios son positivos y que de todos ellos sale algo nuevo, sin duda.  Precisamente me lo dice un día en el que me siento como moneda de dos cruces tras recrear lo que me ha ocurrido estas últimas semanas.

Se me hace tarde.

Cruzo la habitación en diagonal, que parece que llego antes.

 

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