:: La depresión del tiempo produce previsión

Mark trabajaba, desde que había abandonado sus estudios de secundaria, de jardinero en la autopista M25 que rodea Londres.

Llevaba un tiempo dedicado en exclusiva a su empleo. Pasaba tantas horas en los arcenes y medianas de la carretera, que sus momentos de ocio y esparcimiento eran limitados. Tan sólo los rellenaba con ver algún programa de televisión, tomar unas pintas en el pub de su barrio o dormir. Saber, él sabía que vivir era ir alzando una torre torcida, por más esfuerzos que uniera intentando mantenerla vertical.

Desde hacía unos meses, por alguna extraña razón, descuidaba su propia seguridad al realizar sus labores diarias sin el chaleco obligatorio requerido, ese que se utiliza para ser visible por los múltiples conductores que transitaban por la calzada.

Y un día frío y festivo. Una de esas jornadas que esperaba la risa. Pero la risa rodaba pintada como un payaso, ladera abajo hacia la imaginación más excesiva. Le atropelló un camión.

Estuvo en coma dos días. Si, sobrevivió. En esos días de sueño muerte, muerte sueño; vivió en un vuelo amarillo de flores enredadas. Habitaba en un espacio de luz y sangre como una gloria llevada por el aire.

Y despertó.

Se encontró en una habitación de hospital, vacía. Sólo estaba él. Ningún familiar, compañero o amigo estuvo presente en el momento que abrió los ojos. Los médicos le infundieron positivismo y, al margen de los comentarios sobre el milagro de su renacer, le dijeron que se recuperaría en unos meses. Tendría algunas secuelas, el tórax era el que más se había resentido con el accidente. Lloró él y lloraban los médicos por lo desconocido que les quedaba por cumplir, tan lleno de voluntades ajenas.

Nadie le llamaba o escribía. No recibía visitas. Fue tomando conciencia, cada día que flotaba, que estaba solo. No tenía bombones en su mesita, no había postales ni revistas. Una habitación desnuda de flores y compañía.

Uno de esos días comenzó a nevar. Desde su cama percibió la rotundidad de la tormenta de nieve. No tenía nadie a quien contarle la maravilla de ese espectáculo blanco. Sintió deseos de mandarle un mensaje a alguien y describirle la belleza que veía desde su cama, pero no encontró dentro de si mismo a quién. Y apresado por las sábanas como por una coraza, se dijo en voz alta “Estoy solo y nieva”.

Sólo él como único refugio.Imagen

*Nota de Mo Limited: amigo lector, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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