:: Dios los junta y ellos se crían

EL VACÍO

 

Guión de

MO LIMITED

 

Inspirado (en una ínfima parte) en el epílogo del Libro “Heridas emocionales” de Bernardo Stamateas.

 

 

Image

 

 

2014

FINAL DEL INVIERNO

 

01

CASA DE JUAN CASTRO / SALÓN

Noche

Como se verá más tarde, es el hogar de una persona con un gran sentido de la estética. La pared, prácticamente desnuda, tiene un solo cuadro de un paisaje. Una mesa de cristal, un sofá en tonos crudos, un atril con papeles de música enfrentado a una silla de cuyo respaldo cuelgan una bufanda y un abrigo. El suelo está tapizado de libros. 

JUAN – 35 años – está de pie, frente a la ventana.

MARTÍN – 27 años – está sentado en el sofá, con la mirada perdida en el techo. Sobre sus piernas, abierto de bruces, un libro de Francisco Umbral. 

JUAN

(en voz queda)

 

Antes de que digas nada, déjame hablar a mí.

Quise ser palmera, para doblarme sin quebrarme. Soportar las grandes tormentas. En pie a pesar de las circunstancias.

Quise ser diamante, miles de días escondido bajo el suelo, soportando la presión de toneladas de tierra. A mayor presión, mejor resultado.

Quise ser perla, granitos de arena lastimando la ostra donde me cobijo. Lo negativo transformado en positivo.

Quise ser águila, volando sobre la ciclogénesis, atravesando las dificultades, traspasándolas para llegar a un cielo calmo.

Quise ser mapa y quise ser territorio. En ambos están mis creencias. En este mapa y en este territorio fui consciente que las cruzadas no se ganan en el campo de batalla, se vencen en el corazón.

Quise ser tapiz, asombrándome de mi combinación de colores y hermosura. Dando la vuelta al paño se descubre la conexión y combinación de múltiples hilos que, a la vista, no resultan tan atractivos.

Quise ser matrioska, albergando varias muñequitas en mi interior. La muñeca que es visible puede abrirse y reflejar que tiene otra dentro. En la más pequeña y escondida residen mis frustraciones, miedos y angustias. Y esa te la he mostrado. Tuve confianza para hacerlo.

Y mi sueño se ha visto cumplido. Hoy se que soy todo esto que pretendí ser.

 

Se da la vuelta y mira, de un modo altivo, a Martín.

 

MARTÍN

No se. Sólo puedo decir que te quiero. Por lo que deseaste ser y por lo que eres. 

 

Silencio de Juan. Martín sigue, de nuevo mirando al techo, y con un aire decidido: 

MARTÍN

Lo mejor es que me vaya y te deje solo.

 

Martín se levanta y sale del salón. Juan vuelve a mirar por la ventana. Y comienza a llorar. Un llanto melancólico e insonoro.

 

 

 

 

 

 

 

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