:: La realidad supera a la ficción (y viceversa)

Si decidiera hacer una novela sobre un personaje histórico, sin duda escogería a Gertrude Bell (1868-1926).

Interesante figura, poco conocida en España, pero de especial trascendencia para el mundo árabe y, en efecto, digna de ser novelada.

Son los siguientes rasgos los que han determinado mi elección: de nacionalidad inglesa, nació en pleno siglo XIX en la época victoriana. Se educó en el seno de una familia adinerada. Su madre falleció cuando ella tan solo tenía tres años.

Con dieciséis años su padre decidió matricular a Gertrud en un afamado College de Londres, allí destacó claramente en su formación en historia. Posteriormente se trasladaría a Oxford, un terreno nada apropiado para mujeres en aquellos tiempos. De hecho, su estancia académica estuvo colmada de reproches machistas, tanto del profesorado como de otros estudiantes.

Su especial condición, tanto social como ilustrada, le separó del camino que, por entonces, estaba determinado para las jóvenes de su edad: casarse y dedicarse a formar una familia.

Decidió dar un giro a su vida planteándose viajar a Irán. Allí conoció a su primer gran amor, el secretario de la embajada británica. Sin embargo, su padre denegó el permiso de matrimonio entre ambos, aduciendo la falta de fortuna económica de su posible yerno.

Regresó a su Inglaterra natal y allí escribió su primer libro detallando su periplo en Oriente. Tras nuevos viajes por Europa, donde descubriría el placer del alpinismo, quiso volver a Oriente. Esta nueva incursión le hizo aventurarse por el desierto conociendo culturas nómadas virtualmente opuestas a su entorno de la Inglaterra victoriana. Quiso plasmar esta singular expedición en un nuevo libro. En los años posteriores se trasladó a Turquía para introducirse en su nueva pasión, la arqueología. En Mesopotamia conocería a Lawrence de Arabia.

Gracias a su vasto conocimiento de la cultura árabe, el servicio de inteligencia británico, en la Primera Gran Guerra, la contrató para realizar contraespionaje militar. Fue la primera mujer de la historia en acometer semejante tarea. Tras concluir el conflicto bélico, formó parte de la construcción de Irak como país. Influyó en Churchill para coronar como rey, de este nuevo país, a Faisal. Desempeñó tareas de consejera para el monarca.

Su muerte también tiene tintes literarios, al suicidarse a los 58 años ingiriendo barbitúricos.

 

 

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