:: Re(cortes)

Y entonces uno salta.
Sin red.

Terminar de escribir un libro.
Acabar un ciclo.
Ser otro o el mismo en versión mejorada.
Buscarse. Perderse.
Vacío y ahora si, de verdad.

El viaje.
La carga.

Una buena semana puede comenzar de cualquier forma.

A veces alguien me escuchaba. Otras veces me presentaban playas y encantos. Algunas hasta me desnudaban.

Hoy el tesoro está bien guardado, bajo mil llaves. Enterrado en la cueva del dragón más salvaje.

Leí los poemas más raros y lloré las veces más numerosas. Agarré la muerte para desprenderte y, ahora, bajo el mismo paraguas, entiendo a la luna.

Soñé que venías con unos mariachis para decirme que me amabas, bajo el balconcito de mi alcoba. Y, al despertar, el soniquete había enmudecido y sólo quedaba un pasillo de saliva por la almohada.

El sonido del mar y la arena en el bocadillo me recuerda tu silueta, cantando y riendo. Como si tal cosa. 

Soy persona o no, todo al mismo tiempo. Aniquilo la furia para que salga otra rabia, más tranquila, más ella misma.

Me veo trabajando en el café. Sonriendo a los clientes. Todo límpio, claro, ordenado. Llevo una sonrisa amplia y un cuaderno precioso donde guardo los secretos que no quiero compartir. 

Para qué exigir que te amen. No quiero callarme un te quiero, ni guardar un abrazo. Necesito abrir el alma para perdonar. Dejar fluir la risa. ¡Qué hacer si perdemos el sentido del humor!. Tal vez morirnos.

Puedo entrenarme para hacer las sopas más ricas. A Mafalda no le gusta la sopa. Tomo nota.

Hoy siento que soy prisionera de mi modo de pensar. Duele.

Voy a seguir adelante. Siento que el mundo se desploma por esta cabeza mía. Esperanza de mantenerme de pie.

Es bonito que forme parte de mi vida. Mi lista de seres humanos favoritos está cambiando. Lo añado en letra grande y de colores. Qué suerte tengo. 

Tengo miedo de que se vaya. Se que se va. Yo me quedo. Soy renovación infinita. Si.

Deseo tanto que le vaya bien que me duelen los pies. Es incomprensible. Aprieto los puños y grito en alto.

Ha sido tan apacible este día que quiero envasarlo al vacío. Meterlo en la despensa de los días mejores, de esos que quiero para siempre.

Comparto la música que me gusta y descubro que coincido con él. Quiero bailar claqué, despejar el suelo, hacer ruido. Danzar sobre las nubes. Preguntarle si quiere bailar conmigo, pisarle los pies.

Y algún día conocerá a alguien. Irá a nuestras playas, a nuestros lugares comunes. Quizá le diga quién soy, quién fui. Le dirá lo hermosa que está cuando se ríe, le presentará a su familia. Le dirá te quiero y le hará el amor con cariño y dulzura. Y yo seré una manchita chiquitita, muy pequeña. Una cicatriz de un tamaño posible. Ojalá esa mujer recién estrenada y bella le quiera tanto como yo, sería tan bonito. Tengo una nube negra sobre mi cabeza. Quiero pensar en blanco. Duele el cuerpo.

Paseo tranquila escuchando los pasos sobre las hojas. Creí que los árboles sólo se vaciaban en otoño. No es cierto. Cualquier momento es perfecto para desprenderse de lo que no vale.

 

*Recortes encontrados en una Moleskine. 

 

Imagen

Anuncios

:: Murphy no sabía de leyes

“Vence tu orgullo, acepta equivocarte de vez en cuando. Los errores nos aportan un conocimiento de nosotros mismos, siempre son útiles”

 

Alejandro Jodorowsky

(Extraído de su Página Oficial en Facebook)

 

Me conocí un día de verano. El calor era inmenso, aplastante. Mi deseo inmediato era regresar a aquella habitación fresca del hotel, echarme sobre la cama como un alga marchita, con cada tentáculo exhausto. Por un segundo pensé que los rayos de sol me iban a disolver. Como el azúcar en el café o el tiempo en el propio tiempo. Sin embargo, mi afán de seguir visitando la ciudad, que me tenía embrujado, hizo que mis pasos se encaminaran al casco antiguo, mucho más allá de las iglesias y las murallas. Más allá de los turistas y las calles empedradas, más allá de la suntuosa calle principal. Separarme de la manada, perderme.

Agotado por las altas temperaturas, me perdí en un laberinto de piedra y hierba. Encontré una hermosa casa con un banco de piedra en su entrada. El lugar, encantador y fresco, tenía un muro tapizado de enredaderas y unos ventanales vestidos de flores rojas. 

Y mientras reposaba en aquel banco helado, aparecí sin hacer ruido. Era alto, claro, con los ojos muy azules y el pelo blanco. Lo que inmediatamente me agradó fue el cuello tan largo, me daba una enorme elegancia. El bronceado de la piel restaba severidad a mi rostro, curtido por el aire y el sol. Me gusté desde el primer momento. Pocas veces ocurre algo así. Me saludé amable, invitándome a entrar dentro de la casa. Vestía una camisa blanca sencilla, de lino y manga corta. Parecía jovial y eterno, sin que esto se contradijera, los años y la juventud convivían pacíficamente.

Mi aspecto acalorado me conmovió y me invité a un vaso de agua. Mientras lo tomaba, comencé a mirarme con más detenimiento y a la amplia sala principal donde me había llevado. 

Era lunes, lo recuerdo perfectamente. Desde entonces hemos estado juntos, evolucionando en sintonía, riéndonos de las mismas tonterías, bailando la misma danza, saltando los obstáculos, siempre unidos. Hemos superado los tristes y duros momentos por los que la vida nos ha forzado, hemos sido capaces de saborear los instantes magníficos juntos y, lo más importante, hemos logrado alcanzar la libertad de estar distanciados y saber que siempre estamos ahí, a pesar de todo lo que nos ha ocurrido. 

El mes que viene es nuestro aniversario. Lo vamos a celebrar volviendo a la misma ciudad que hizo encontrarnos y fusionarnos en un eterno y trascendental vínculo. Estamos muy ilusionados y felices de poder seguir compartiendo tiempo y sueños. 

Me quiero mucho y me alegro enormemente de haberme conocido; tan humano, tan persona, un ser único.

 

Imagen