CON LAS MANOS EN LA MASA

Corría 1.984 cuando se estrenó en la televisión española el programa “Con las manos en la masa”, un espacio de materia culinaria dirigido y presentado por la pintora Elena Santonja. En siete años de emisión, donde pudimos ver cómo cocinaban Rosa Chacel, Almodóvar, Carlos Berlanga, Alaska, Fernando Fernán-Gómez o Martirio; entre otros tantos; los españoles fuimos aprendiendo a encontrar nuevos platos y a renovar nuestros estilos frente a los fogones. Recuerdo perfectamente la pasta con gambas con tabasco que Miguel Bosé, a la sazón ahijado de Picasso, nos mostró en una delicia de episodio. Aún es un plato mítico en mi familia. La sintonía del programa todavía resuena en los de mi generación, aquel tema compuesto por Vainica Doble e interpretada por Gloria Van Aerssen y Sabina lo tarareamos en la ducha formando parte de las canciones de nuestra vida. Llegaron los noventa y, con la década, la proliferación y puesta en valor de los cocineros vascos como Berasategui, Arzak o Subijana. Entretanto, Elena Santonja comenzó a tener diferencias con TVE al solicitar percibir, por la publicidad sugerida en los programas, una prestación económica. En este contexto, su programa se retiró en el noventa y uno para ser sustituido por “El menú de cada día” del, entonces debutante en la programación nacional, Karlos Arguiñano. De ahí al estrellato; convirtiéndose en una revelación televisiva y recibiendo premios tan significativos como el TP de Oro o el Premio Ondas, nos enseñó con dosis de humor y cercanía lo que significaba pochar, estimar los pescados azules como el chicharro o a adornar los platos con ramitas de perejil. Y así seguimos avanzando en nuestras artes culinarias caseras para mejorar las recetas de la abuela y agasajar a los propios y ajenos en el hogar. Queda la duda en el ambiente si Arguiñano ha cobrado cantidades económicas por publicidad, a diferencia de su antecesora.

Y nos encontramos en 1.998, año en el que aterriza Canal Cocina con el eslogan “La cocina nos une”, una novedosa apuesta en emisión de pago en la extinta Vía Digital de Telefónica y que actualmente mantiene su cuota de pantalla a lo largo de los años con una oferta diversa abarcando tanto la cocina tradicional como la puesta al día y nuevas tendencias, con interesantes reportajes que dejan un buen sabor de boca.

La trayectoria de la categorización gastronómica se ha afianzado en las parrillas televisivas españolas, evolucionando e innovando a nivel formal y de contenido, adaptándose tanto a las tendencias vigentes como a la demanda de la audiencia, convirtiendo los formatos tradicionales en espectáculos gastronómicos o concursos televisivos copiando el formato de programas como “Operación Triunfo”. Valorando este progreso con carácter subjetivo, me cuestiono la irrupción de chicotes y similares o jurados, denominados como expertos o modelos a seguir en la programación de hoy en día. ¿Es necesario machacar a un concursante por esos supuestos cocineros de alta gama por presentar un plato con una patata semi cocida? ¿Para qué burlarse con saña de un aspirante a cocinero con esas formas? ¿Es cierto que ese tipo de expulsión por parte de un jurado de excepción aumenta la cuota de audiencia? En mi opinión, este mal gusto incomoda, no es didáctico y, lejos de recuperar el amor por los programas de este formato, nos distancian y confrontan con una evasión que esperamos y deseamos a través de las ondas.

Permítanme que les deje aquí. Se me quema el arroz.

harvey_enrile

(Artículo publicado en El Diario de León el 21 de abril de 2015)

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