Esquife es un bote para saltar a tierra

Nació antes de lo previsto y le recibió el frío y humedad del marzo de una década de los sesenta agotada. La sala del sanatorio era de un gris neutro donde la nieve del exterior reflejaba un poquito de sus destellos. Su trémulo y diminuto cuerpo que respiraba nuevo medio, fue agarrado por unas manos hábiles y experimentadas, las cuales le llevaron a un rincón donde fue lavada diestramente con agua tibia que no calmó su llanto ni su alma congelada.

Cuando le llevaron a casa, el abuelo dijo que parecía un tordo. Tan pequeñita era. Su hermano mayor fue destronado de su puesto de rey único y no acogió con entusiasmo a la nueva miembro de la familia. Sus padres cumplieron con el deseo plural de tener la parejita y otro hijo para que el primogénito no estuviera solo y pudiera jugar acompañado.

Los que nacen un 29 de febrero, los prematuros y los no deseados viven con un tatuaje invisible que, con el paso del tiempo, va distinguiendo su forma y color.

En su caso, cuando llega el invierno o siente frío, le entran ganas de llorar y en su espalda, un tatuaje, tono azul mar y con la figura de un pez globo, brota y resulta tan visible que, a veces, sale por su nuca. Asomando por los abrigos y las bufandas. Las lágrimas y la sombra del tatuaje anuncian los meses helados y el corazón se le encoge.

Nacer en el primer solsticio te hace adorar el verano, las playas, la piel desnuda al sol, las bebidas refrescantes y el murmullo del mar cerca. Quizá porque has sido engendrado en tiempo de estío. Todo suma.

Ahora que recuerda cómo llegó a este mundo, se intenta reconciliar con las heladas, los mantos blancos y las bajas temperaturas. A veces no puede y su llanto se puede escuchar por toda la ciudad, fundiéndose con otros gemidos y lamentos de hombres y mujeres que cargan con sus espaldas el no ser queridos o abandonados, siendo niños.

La brújula de estas personas no muestra el norte, como si hubiera perdido su imantación, y andan desorientados sin encontrar sitio o su camino. En la senda, a veces, se encuentran a otros como ellos y sus pasos se extravían sin remedio. Otras ocasiones coinciden con humanos que tienen su bitácora perfectamente definida. En este caso, logran hallar su espacio e incluso son capaces, ellos solos, de encarrilar el mapa de su vida.

Que este nuevo año, recién llegado, os traiga agujas bien imantadas y cumpláis todos vuestros sueños.

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*Foto: Komsomolsk-On-Amur (Libre cesión de derechos)

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